martes, 21 de julio de 2015

la rueda: mi vida en 23 posturas de yoga

estoy muy contenta porque después de dos años de yirar y yirar por varios estudios de la ciudad encontré a mi nueva profesora de iyengar. no fue nada fácil luego de haber practicado regularmente durante cuatro años con Marisa, quien fue una gran maestra y con quien tomo seminarios de profundización cada vez que viene de su casa del campo. mi nueva sala de yoga queda en Chacarita, mi profesora se llama Lucía y es muy genia. la casa es hermosa, tiene plantas, escaleras, tés reparadores después de cada práctica, calor de hogar. hace un rato llegué de mi práctica de hoy y me invade una sensación muy agradable: mis lumbares se separan y reciben aire entre ellas, hago lugar en mi espalda para seguir creciendo con ayuda de los maestros que van presentándose en el camino.
algunas disciplinas de verdad me ayudan a conocerme profundamente, crecer y cambiar, y adaptarme a los cambios que la vida va proponiendo aunque a veces crea que no estoy preparada o que no puedo. practicar iyengar modificó tan positivamente mi vida, mi percepción de las cosas y de mi propia individualidad, que no puedo más que estar eternamente agradecida. y con disciplina y responsabilidad, mantener encendida la luz que el yoga activa en mi interior más esencial. vivir en el cuerpo, mantenerse unido a él, cuidarlo y amarlo es fundamental en esta experiencia humana que atravesamos. yo, que fui sólo mente durante los primeros veinte años de mi vida, lo disfruto tanto ahora.
otro día escribiré sobre los trece años de homeopatía y otros tantos de vegetarianismo. otro día también de mi aproximación a la osteopatía, la reflexología y la medicina ayurveda. otro día de la meditación.
la foto: el corazón del estudio nuevo de iyengar.


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