jueves, 8 de enero de 2015

a veces siento que la pluma de la historia

nadie puede entender que quiera dejar la escritura. pero siento que ya no soy una con ella. ya no es el nuestro un vínculo devocional. y si no es devocional, no puedo sostenerlo.
hace justo diez años decidí, con mucha dificultad interior, exterior y de todo tipo, que dejaba atrás las ropas que usaba y junto a ellas la tranquilidad de un futuro burgués y acomodado. ya no sería más esa promesa. las pantalones de vestir, las camisas planchadas, los zapatos con taco, los tapaditos de paño. esa que ya no era yo quedaba atrás. ya no continuaría el linaje de una familia construida a base de profesiones tradicionales y seguras: abogados, médicos, ingenieros, militares.
mi pelo había crecido en esos cinco años de transición y yo había crecido con él, acompañando sus movimientos y sus momentos críticos.¡ perdón mamá, papá, tío, abuela, perdón a todos! sufro en esa universidad de puerto madero. sufro durante la noche cuando estudio en las casas aristocráticas de mis compañeros sobre la avenida del libertador, con campanita para llamar a la empleada y relojes de péndulo. prefiero quedarme tomando mate en la cocina con la empleada a la madrugada mientras, ellos, mis compañeros, salen borrachos y drogados en el Audi de papá a dar vueltas por Recoleta y cogerse alguna puta y después van a misa con la novia en la Iglesia del Pilar.
yo ya no era ésa, era otra, de pelo largo, más suelta, más liviana, más floja. tarde pero seguro había leído las vanguardias, a los formalistas, había aprendido lenguas muertas, había conocido a militantes políticos y a sobrevivientes de la dictadura, a hippies, artesanos, lúmpenes, locos, resentidos y artistas. yo quería ser una con ellos y vivir la vida desde ese lugar.
el tiempo pasó y todo pasó con él. y la vida me fue llevando del despacho de un juez italiano a una redacción en un sótano, y a otra en una galería del microcentro, y a otra en palermo chico, y a la esma. la vida me fue llevando a lugares y situaciones que jamás hubiera imaginado atravesar. a veces siento que la pluma de la historia me pasa por el cuerpo y hace viento sobre mi cara.
no sé adónde voy ahora, pero sé que esas ropas también quedaron atrás. no son mías ya. no son mías esas tardes y noches en redacciones con olor a cigarrillo y alcohol y cocaína y nervios y bohemia y la noche en la ciudad.
nadie puede entender que quiera dejar la escritura y ser camarera de noche en un bar de la otra punta de la ciudad, esa punta donde yo soy más yo que acá. pero después de haber vivido un año con esotéricos, hippies de circo, mi padre, budistas, después de haber sido una extranjera en mi ciudad, sé que ya no soy esa que fui. que estoy una vez más mutando. y si en cada cambio uno va dejando atrás cáscaras, como muñecas rusas, como ropas viejas, se acerca cada vez más a una de tamaño pequeño, pero sustancial, verdadero.
a veces siento que la pluma de la historia me pasa por el cuerpo y hace viento sobre mi cara.

2 comentarios:

  1. Lo importante no es lo que va a quedar cuando el cambio se efectivice. Vengo leyendote hace años, desde la tarde sabática en la que aterricé en pajaritos. En mi biblioteca hay algun que otro librito de pánico el p. con dibujos de árboles y poesía fresca. Sea lo que sea en lo que reencarnes en vida, ojalá sean secuencias verdaderas, que te hagan bien. Siempre te creí.
    Saludos van!

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