domingo, 3 de julio de 2016



Encenderé un fuego
Belén Iannuzzi
La Carretilla Roja
¿Es una promesa, una advertencia, una intención? Las intenciones integran el nuevo libro de poemas de Belén Iannuzzi (Buenos Aires, 1979). “Intención del día: no dejarme vencer por la melancolía/ Intención de la semana: juntar plantas y flores/ Intención del mes: amanecer con el primer sol/ Intención del año: subir la quebrada/ Intención de la vida: abrigarme”, se lee en “La quebrada”, uno de los diez poemas de Encenderé un fuego. La naturaleza funciona en ese y en otros poemas como un modelo de asociaciones, de sentidos aparentes y ocultos, de funciones. La noche es un jinete, la arcilla suaviza el corazón, la acidez dulce de la hiedra pesa y libera. “Escribo el desplazamiento,/ avanzo”: esa fórmula (enunciada en el poema “La montaña”) describe por aproximación la escritura de Iannuzzi. También el cuarto verso del poema “El jardín”: “Escribir, la flecha”. 
“Siento que la relación entre mi escritura y la naturaleza viene dada a partir de otra relación más grande, que es la relación de todo ser vivo con su ecosistema, por llamarlo de alguna manera –dice Iannuzzi−. Nosotros, los hombres, que estamos en este mundo tan extraño, tenemos, entre otras cosas, la palabra. Hay algo importante para mí en esta relación: no me interesa el paisaje sin el hombre, sino el hombre que lo atraviesa y lo dice. No una poesía del paisaje, sino una poesía del hombre transitando su vida en él.” En los poemas, presentados como escenarios donde transcurre una transformación, se revelan instancias de ese proceso a la manera de un razonamiento con acotaciones simples. En el poema final, “Hiedra al sol”, un ecosistema de hormigas y raíces, flores de un jazmín paraguayo y baldosas restituye una familia del pasado. Encenderé un fuego invoca la melancolía sin acto de rendición.
La experiencia del entorno alimenta el fuego del poema. Iannuzzi recuerda un verso de Kathleen Raine: “El poema es un espíritu y yo lo haré encarnar”. ¿Cómo se encarna en el poema? “A mi modo de ver, la poesía transmite experiencia cuando tiene dentro de sí cierto grado de verdad –dice la autora−. Pienso en un poema que lo ejemplifica con mucha hondura y pureza, ‘Tiempo del hombre’, de Atahualpa Yupanqui. Ojalá yo pudiera ser una unidad tan orgánica con mi poesía. Las experiencias que puedo transmitir, y en el mejor de los casos lo haga, son las preguntas filosóficas más existenciales que se hacen las personas, pero a la vez las más concretas y cotidianas, en tanto las determinan: quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos, quién nos creó, por qué, qué hacemos entonces con todo esto.”
A partir de su libro anterior, Los que tienen fe, la escritura de Iannuzzi se volvió más reflexiva. Los episodios domésticos o sociales se filtran ahora por una conciencia tímida, ávida de aprendizaje y metódica, que avanza por el camino de la emoción. “En mis tres primeros libros miraba el mundo con admiración y extrañeza y de ahí surgían los poemas, y eran de algún modo ‘poemas exteriores’ −señala−. Ahora la mirada está puesta en mi interior, como si la contemplación hubiera dado una vuelta y posado su foco de atención en otro paisaje más íntimo y misterioso o delicado. Nunca para mí la poesía es una elección consciente, sino que es un proceso que va ocurriendo y que cuando ya está sedimentado dentro de mí puedo escribir o ir adivinando. Todo este proceso no puede darse sin la presencia de los otros.” En Encenderé un fuego el mantra del futuro tuerce el destino: “Trabajaré la tierra cada día/ y así mi corazón se volverá fértil/ cada día/ cada día”.
Daniel Gigena en Revista Lúcuma

1 comentario:

  1. Preciosa nota! muchas ganas de leerlo! Dónde se consigue en Montevideo ?

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