lunes, 16 de mayo de 2016

Mientras avanzaba, ocasionalmente vi breves destellos de belleza

 La poesía de Belén Iannuzzi me gustó siempre. Voy a decirlo de entrada: me siento identificada con su imaginario, sus intereses, las palabras que suele usar, ¡los títulos de sus libros! Y muchas otras cosas. Pensando en Encenderé un fuego, en lo que podría decirse de él, todo el tiempo me hacía la pregunta de si estaba viéndolo bien o si no estaba proyectando. Pero no, no estaba proyectando.

Pensé estas cosas:

1. Belén plantea escenarios naturales y escenarios personales. Toda su poesía es una oscilación entre ambos mundos. El camino de ida y vuelta es permanente.

2. Se fascina también por ese camino, por la idea de viaje, de trayecto, hay poemas road movie, viajes que imagino mochileros. caminatas por un barrio bajo de noche, aviones, peregrinaciones. En Encenderé un fuego hay algunos de estos itinerarios. Como si a cada paso a Belén se le cayera un verso, una imagen que rueda. "Escribo el desplazamiento, avanzo", dice en el poema "La montaña".

3. Los viajes y caminos la conducen, como a Elizabeth Bishop, a una cierta imaginación geográfica. En todos sus poemas aparecen ciudades, países y paisajes. Noruega, China, Azul, Lobos, Paraná, 

O´Higgins, Ushuaia, Entre Ríos, Cabo Polonio, Miramar, Bahía Blanca, Santa Rosa, Neuquén, Piedra del Águila, New Haven. Hay más. En este libro hay un poema muy hermoso que dice: "Los llameros vienen bajando / la quebrada".

4. Ese poema termina con una enumeración de intenciones que son como deseos lanzados al universo. Una de las posibilidades del viajar y de escribir poesía es eso: una peregrinación exterior que trasunta en una interior. Una poética espiritual, a la Matsuo Basho. Poesía no como un hecho del intelecto, sino como experiencia vivida.

5. Los espacios que menciona le sirven a Belén también como excusas para proyectar en ellos experiencias presentes o pasadas. Es un programa de vida y de escritura: "Poesía: no quiero que me entretengas, quiero que transmitas experiencia a través del lenguaje", dice.

6. Esto me lleva a decir que la poesía de Belén transmite experiencia a través del lenguaje. Hay una gran cantidad de pequeños relatos concentrados en los versos. Su impulso narrativo es notable, practica un trabajo de orfebrería finísimo para que el peso del relato y las imágenes no se sienta, que los poemas sigan siendo livianos como plumas. Me hace pensar en el cine de Jonas Mekas: íntimo, familiar, casual y, como en la poesía de Belén, está la naturaleza en cada imagen. Una de sus últimas películas se llama As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty. Mientras avanzaba, ocasionalmente vi breves destellos de belleza. Sería un título para un libro de Belén. Ella, como Mekas, está vinculada al movimiento y a los viajes, en flashes que son como versos.

7. Pensaba que el título del libro, Encenderé un fuego, podría haber estado desde el principio de sus poemas. Todos dan ese calor y esa luz y tienen, cada vez más, un componente espiritual. Toda la poesía de Belén enciende un calor natural.



Texto leído por Mercedes Halfon en la presentación de Encenderé un fuego el sábado 14 de mayo en la Despensa de libros Vacío Editorial.

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