martes, 11 de febrero de 2014

13 de diciembre

Teosofía

Positivamente no era mi día para la teosofía. Y no va que tomo un taxi con un chofer que, a propósito de sólo simpatía por mí, creo, me da una lección teosófica. Más materialista de lo que yo estaba, no podía. El chofer -un señor de cabello blanco, aspecto distinto y bonito- hablaba y yo no lo escuchaba. Escuché cuando habló de hermandad y entonces reaccioné de un modo extraño: no me sentí hermana de nadie en el mundo. Estaba sola. Pero hubo una cosa que me llamó la atención porque es mía también, incluso en un día de puro materialismo. ¿Cómo explicar? Dijo que nuestro ciclo en el mundo ya terminó y que no estamos preparados para este fin, que el año dos mil ya llegó. Para mí también el año dos mil es hoy. Me siento tan avanzada, aun cuando no pueda expresarlo, que estoy en otro ciclo, aun cuando no pueda expresarlo. Incluso me siento mucho más allá de escribir. ¿Marciana? No. Poco quiero saber. Y el año dos mil ya llegó, pero no por causa de Marte: por causa de la propia Tierra, de nosotros, por nuestra voracidad del tiempo que nos come. Sólo en materia de hambre no estamos en el año dos mil. Pero hay varios tipos de hambre: estoy hablando de todos. Y el hambre, no de comida, es tanta que engullimos no sé cuántos años y superamos los dos mil. Lo que yo aprendí con los choferes de taxi daría para un libro. Saben muchas cosas: literalmente circulan. En cuanto a Antonioni yo sé, y ellos no saben. Si bien tal vez, incluso ignorándolo. Hay varios modos de saber, ignorando. Conozco eso: ocurre conmigo también.


Clarice Lispector en Descubrimientos 

1 comentario:

  1. Hace poco -no recuerdo en cual de la colección de vereda brasil- leí el relato en el cuál cuenta su charla con otro taxista, y su reflexión posterior sobre si se podría haber enamorado de él. Fue sencillo e impactante. Me gusta mucho Lispector.
    Besos van!

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